Cuántos de nosotros hemos vivido circunstancias
en las cuales nos sentimos sin salida, no encontramos respuestas a nuestros
problemas y bajo esta presión tomamos decisiones que en la mayoría de los casos
no son las más apropiadas para resolverlos; creo yo que la gran mayoría de las
personas sufrimos dichas situaciones.
Ahora bien, debemos partir de una
afirmación sencilla, cuando llegamos a este mundo a la maravillosa experiencia
de vivir, llegamos sin ningún tipo de problema, y es en el camino, de acuerdo
al entorno en el cual vivimos, que cada uno se libra sus propias batallas,
algunas de estas nos acompañan desde pequeños, expresiones como: El dinero no
alcanza, solo los “ricos” pueden darse lujos y comprarse lo que quieran, para
conseguir dinero debes estudiar una carrera o de lo contrario aguantaras hambre,
tanto mujeres como hombres son infieles no debes confiar nunca en tu pareja
porque te la jugara con la primera persona que se encuentre, la pareja que
conseguiste solo te quiere por interés, eres un inútil, no sirves para nada; la
lista puede ser interminable, escuchando esto desde muy pequeños, nuestro subconsciente
lo reproducirá una y otra vez, por más que nosotros no lo deseemos, por
consiguiente en nuestra edad adulta ya estamos predestinados a fracasar, a que
cada empresa que deseemos sacar adelante sea cual fuere, nunca tendrá éxito; y
ni para qué hacer referencia a nuestras relaciones personales, porque siempre estarán
mal.
Pensemos un poco, si nosotros
mismos nos damos cuenta que también desde pequeños nos enseñaron una frase que
dice: “pide y se te dará”, nos hemos puesto a pensar que pedimos en realidad,
en que se encuentra centrado nuestro pensamiento, cuantas veces al día pensamos
en lo malo, en los problemas, en cómo resolverlos; y ¿cuántas veces pensamos en
abundancia, prosperidad, amor hacia nosotros mismos y hacia los demás, salud, perdón?,
la respuesta salta a la vista, siempre estamos pensando en conflicto, en celos,
(lo cual no es otra cosa que miedo a perder lo que supuestamente nos
pertenece), aun así decimos: ¿Dios mío porque a mí?; es simple, porque donde
esta nuestra fe (pensamiento), esta Dios padre presente para cumplirlo; ahora dirás
¿entonces Dios es malo?, no en lo absoluto, simplemente que sus principios son
muy claros y nosotros creemos que le cumplimos pero en verdad estamos muy lejos
de ello… (Continuara)